Sobre...


Después de dos infartos, una vida con una gran lista de excesos y eventos dolorosos, me encontré de frente con mi doctor escuchando; o bajas de peso o compras un seguro para tus hijos, no había opción. Preguntas ¿para qué estoy gordo? ¿para que tengo 180 kilos? ¿qué necesito demostrar? ,¿Por qué me estoy suicidando a través de lo que como? ¿Por qué no puedo quererme?,¿Por qué no puedo abrocharme las agujetas?,¿Para qué estoy gordo?, cuando empecé a hacerme éstas preguntas, descubro que lo único que buscaba, era amor y aceptación, descubrí que necesitaba un cuerpo grande para defenderme de todos los que yo creía que me hacían daño, descubrí que necesitaba estar enfermo para obtener la lástima o el  cariñode mi familia, descubrí que ésta decisión de suicidarme a través de la comida, no tenía que ver con comer mucho, no tenía que ver con los excesos de alcohol y drogas sino que, tenía que ver con el cariño, amor y aceptación que en ese momento pensaba que nunca había recibido.



La primera vez que pisé el internado General de División José Amarillasfue porque mi mamá me dijo que íbamos a conocer nuestra nueva escuela, estábamos muy emocionados mis hermanos y yo, de cambiarnos de ciudad, con la idea de vivir una nueva vida. Cuando llegamos al internado y nos recibe un señor con uniforme militar, mi mamá nos dice que fuéramos a dar una vuelta, para conocerlo y en el transcurso de la visita, veíamos a la mayoría de niños tristes, otros jugando, otros en talleres, otros marchando, en ese momento el señor con uniforme militar nos fue explicando cómo es que a partir de ese momento, nosotros estaríamos ahí, con un tono rígido. Cuando llegamos a la Dirección, mi mamá ya no estaba, yo no entendía cómo es que mi mamá ya no estaba, yo no entendía el significado de un internado. Los niños del internado, en su mayoría eran niños de papás de muy bajos recursos o huérfanos, mi hermano menor y yo, simplemente pasamos el día tratando de explicarnos porqué estábamos ahí, quien era, que tenía que hacer para que el papá de mis hermanos me golpeara todos los días, y mi mamá me internara.

Poco a poco y a través de muchas lágrimas fueron pasando los días, hasta que después de un mes llegó el día de visita, la salida era a las tres de la tarde, me di cuenta que habían pasado muchas horas cuando le pregunte a un señor con uniforme militar la hora y me dijo que eran las diez de la noche, mi mama no había venido por nosotros. Yo tenía que ser fuerte para no parecer débil ante mi hermano, después de un rato, mi mamá entró y nos abrió los brazos para que corriéramos hacia ella y mi hermano lo hizo, yo me di la media vuelta me limpie las lágrimas y ese día juré que jamás mi mama iba a tener importancia para mí. Fue allí en el internado, donde me programe para luchar, donde tome la decisión de ser el carbón y nunca más ser el pendejo, después de muchas peleas, después de muchas agresiones y de ser el niño gordito y tímido, me convertí en el niño abusivo y entonces fue ahí que me di cuenta, que para tener algo en la vida, necesitabas arrebatarlo. Empecé a pelearme con niños más grandes que yo, empecé a sentir en cada golpe, una satisfacción tan grande, que sólo otra pelea y más golpes me podían dar.



Dejé de ser el niño sensible, el tierno, el noble para convertirme en el agresivo, en el fuerte, así pasaron los años y así me fui respondiendo pregunta tras pregunta, ¿dónde había empezado todo, en que parte de mi niñez había decidido convertirme en el malo? en que parte de mi niñez había dejado de creer que yo era bueno. Cuando me empecé a responder todas estas preguntas, cuando dejé de exigirles a los demás que me amaran como yo quería que me amaran, cuando deje de culpar a mi mama por todo el amor que yo creí que nunca me daba, cuando deje de castigarla por todo el tiempo que no estuvo conmigo, por todo el tiempo que me comparaba con mis primos, por todo el tiempo que le daba más importancia a otras personas que a sus propios hijos, cuando descubro que ella solo podía darme lo que ella tenía, cuando me di cuenta que nunca fue su intención lastimarme, fue entonces cuando empecé a cambiar de hábitos y a sanar mi vida.


La primera cosa que hice, fue hacerme responsable, por muy loco que parezca, yo decidí tener esa vida, decidí tener ese internado, esa mama, esos hermanos, decidí cada golpe que me dieron, y cada golpe que di. Cuando me di cuenta que yo era responsable de la realidad que había creado, también me di cuenta que podía decidir qué vida vivir. A través de diferentes cursos, talleres y diplomados, de diferentes idiosincracias, filosofías e incluso religiones, descubrí que todo es perfecto y que cada circunstancia que pasamos por muy dolorosa o caótica nos lleva siempre si nosotros queremos, nos lleva siempre en la mejor version de nosotros mismos.

Capítulo 2

Vivir en la calle

Después de que salgo del internado, descubrí que tenía la capacidad de partirle la madre a toda la gente que se me diera mi gana, descubrí “que necesidad tenemos de discutir, si nos podemos dar en la madre, Salgo a la secundaria y entonces me di cuenta, que nadie me pegaba ni me regañaban si no llegaba a clases, me di cuenta que nadie me iba a poner a marchar hasta la madrugada si no hacia la tarea, me di cuenta que la mayor parte de los niños, vivían igual que en el internado y me aproveche de eso. Me volví aún más agresivo, más peleonero, más grosero y también lo fui con mi mamá, quería hacerla pagar por todas esas veces que no estuvo conmigo en la noche, quería hacerle saber cuánto la odiaba por todas esas veces que le rogaba que me sacara del internado y nos llevara con ella. Empezó una relación agresiva e intolerante con mi mamá, hasta que me salí de la casa y una vez en la calle, la única forma de poder asegurar mi supervivencia, era a través de la única forma que había tenido, para poder asegurar mi vida, los golpes. Ahora ya no eran los niños, ahora tenía que pelearme con personas más grandes que yo y ganarme el respeto de las personas que vivían por mis rumbos, tenía que robar, tenía que convertirme en el malo que algún día prometí que iba a ser.

Vivir en la calle, fue una de las experiencias más fuertes que he tenido la oportunidad de vivir, una de las más dolorosas, pero también fue una de las experiencias donde más sabiduría pude tener. Conocer a la gente que duerme en las banquetas, a los que limpian vidrios, estar a un lado de la gente que robaba y asaltaba, drogarme con resisto con ellos, era para mí el único gozo que yo conocía por tener una familia. Mis triunfos era pegarle a una persona nueva y ganar, la lealtad y la aceptación que encontré en la gente de barrio, jamás la he visto afuera o con la gente normal. Vivir en la calle me llenó de resentimiento hacia la sociedad, me llenó de pobreza, pobreza mental, espiritual, vivir en la calle me hizo fuerte pero me hizo débil, fuerte para pelear pero débil para amar.
Un día, caminando en la calle me encontré con mi abuela, ella me recogió de la calle y fie cuando me metí a estudiar. Cuando hice consciencia de todo eso que había pasado dentro del carro en el estacionamiento, con el Doctor, cuando recordé lo que había sido mi vida, cuando recordé que yo había decidido convertirme en el malo, me di cuenta que también podía decidir convertirme en el bueno y para ello, tenía que cambiar mi realidad.
Entonces, tomé una decisión, fue ahí cuando hice un pacto conmigo mismo y con Dios, me juré a mí mismo que no iba a descansar hasta poder convertirme en la mejor versión de mí, decidí, que si iba a caminar en este planeta, al planeta, a mi familia y a mis hijos, les iba a regalar mi mejor versión.


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